Se disolvió la SISU que manejaba Juan Grabois: los $200.000 millones y la pelea para ver ahora quién los gasta

La SISU duró lo que duran esos negocios que asombran a todo el mundo por su rentabilidad extraordinaria en tiempo récord. El problema es que los miles de millones de pesos que se gastaron no salieron de una inversión privada sino de la política. Es decir, del Estado, que es lo mismo que decir que el dinero salió de la gente de a pie vía impuestos.
La Secretaría de Integración Socio Urbana se creó en 2018 con el incuestionable propósito de avanzar con la urbanización de las villas. Durante mucho tiempo, la SISU fue casi una cáscara vacía con buenas intenciones. Los que conocen bien al (¿ex?) piquetero y (¿ex?) dirigente social Juan Grabois resaltan que siempre se quiso meter en la SISU que creó su archienemigo Mauricio Macri, aunque la relación del líder del MTE con la ministra Carolina Stanley sorprendía por lo afectuosa y afable.
Con el último kirchnerismo en el poder, el ahora diputado nacional amante de las remeras lisas, logró apropiarse de la SISU. “Siempre se creyó el dueño de la pobreza y de los pobres”, lo describe a Grabois un exministro que interactuaba con él durante la gestión de Alberto Fernández.
Maximo Kirchner fue y es el socio político más importante que tiene Juan Grabois.Gracias a su (¿ex?) socio Máximo Kirchner, Grabois logró que Fernández le entregase la SISU con dos condiciones excepcionales: una montaña de guita y, sobre todo, autocontrol de gastos.
Así nació el FISU, un fideicomiso cuyo única función fue la de abastecer de plata a la SISU. Si bien la ley de Macri lo estipulaba, el FISU recién tomó forma en mayo de 2022, en la salida de la pandemia. Como se dijo, Grabois olfateó la veta de inmediato. Acordó adueñarse del fideicomiso con Cristina y Máximo primero, y con Alberto Fernández después.
Grabois colocó en la SISU y el FISU a la vecina de San Isidro Fernanda Miño, hoy reconvertida en diputada nacional, al igual que su jefe. También a Fernanda Monticelli, otra retransformada pero como diputada provincial bonaerense. Llegaron a tener 600 empleados, la mayoría militantes de sus movimientos piqueteros.
Viejos tiempos en las calles. Juan Grabois ya casi no participa de protestas callejeras. Al igual que Eduardo Beliboni, del Polo Obrero.Tanto a Grabois como a sus mujeres militantes ya no se lis ve en las manifestaciones callejeras. Asombra la dicha que detentan para ocupar cargos públicos o legislativos, una habilidad para representar a los poderes del Estado que hace recordar a las propiedades del agua y su capacidad de acomodarse en cualquier recipiente.
Durante la gestión de Grabois, Miño y Monticelli al frente de la SISU, se gastaron 1.244 millones de dólares, una cifra estrafalaria por donde se la mire, según un informe que la propia Miño publicó en las redes sociales y luego, quizás con algo se vergüenza, borró.
En 2023 perdieron los kirchneristas y llegó el disruptivo (para algunas cosas no tanto) Javier Milei. La ola privatizadora y de ajuste invadió la retórica, pero para la SISU y el FISU había otros planes. Karina Milei fue convencida para que ambas estructuras potenciadas por Grabois se sigan usando para la política.
El cráneo de ese plan fue Sebastián Pareja, que ni bien asumió como senador provincial renunció para hacerse cargo de la SISU. ¿Su plan? Usar los tentáculos de esa secretaría para hacer política y penetrar en las barriadas del Conurbano. Qué hizo: habló con Grabois y lo llenó de elogios por sus aparentes éxitos en el SISU.
Como sabemos, Pareja armó lo que pudo en el GBA. No le fue bien, perdió por paliza en la elección desdoblada. Siguió al frente de la SISU hasta diciembre del año pasado, cuando asumió su banca como diputado nacional.
El ministro de Economía, Luis Caputo, nunca le creyó a Pareja. No le liberó la plata de la FISU, unos $250.000 millones. Esa plata quedó desde la época de Grabois y se nutría por goteo diario: un 7% del Impuesto País y otro tanto del impuesto al cheque.
Sebastián Pareja en el Congreso. Antes estuvo al frente de la SISU y soñó con un trampolín para ir por la gobernación. Foto Juano Tesone Hoy la SISU está disuelta y esta semana terminan de mudarla de los dos pisos que ocupaban en el viejo edificio de YPF en Diagonal Norte. Llegó a tener 600 empleados, la mayoría militante, y ahora quedan solo 100, distribuidos en la Secretaría de Hacienda y otro inmueble en Callao y Corrientes.
En el fideicomiso (FISU) que se creó para evadir controles, quedó una montaña de plata de fondos públicos.
Los excompañeros peronistas de Grabois en el último gobierno kirchnerista no se olvidan de sus supuestos negocios. Primero de la mano de Macri, quién a través de Stanley y el operador Fabián “Pepín” Rodríguez Simón, le dieron una fortuna a Grabois para hacer el RENABAP, el Registro Nacional de Barrios Populares. Click caja.
Ya con los K, Grabois intentó crear y manotear de otra caja con otro registro nacional: esta vez de los argentinos en situación de calle. “No se lo dimos porque era guita que no podíamos controlar y todos sabemos lo que Grabois hizo con las cajas, sino andá a preguntarle a los intendentes como compraron terrenos enormes con plata del FISU sin pasar por los concejos deliberantes”, sostiene ante Clarín un ex miembro del gabinete de Alberto Fernández.
Volviendo a los recursos que quedaron en el FISU, Toto Caputo no sabe bien qué hacer con la plata. Incluso, hubo propuestas y cierto avance de otras carteras libertarias para pescar sobre esos $250.000 millones, con mejor suerte que Pareja.
Fuente: www.clarin.com



